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Full text of "Julio Casal Munoz 1955 Fundamentos Filosoficos De La Democracia"

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JULIO CASAL MUÑOZ 


FUNDAMENTOS FILOSOFICOS 
DE LA 

DEMOCRACIA 


* 


MONTEVIDEO 
1 955 



FUNDAMENTOS FILOSOFICOS 
DE LA 

DEMOCRACIA 


POR 

JULIO CASAL MUÑOZ 

PROFESOR DE FILOSOFIA Y PSICOLOGIA EN 
LOS INSTITUTOS NORMALES DE MONTEVIDEO 


TIP. ATLANTIDA 
CUAREIM 1070 
MONTEVIDEO 




2 


Esta conferencia corresponde al CICLO CULTURAL 
"ARCA DEL SUR” 1954, que se realizó en el ATENEO 
DE MONTEVIDEO, Uruguay, con el siguiente temario, 
comprendiendo los meses de Julio y Agosto de 1954. Tema 
General: FUND AMENTACION DE LA DEMOCRA¬ 
CIA. (Mesa redonda). Investigaciones especiales: Fundas- 
mentos Biológicos, por el Prof. Dr. Manuel Laguarda; 
Fundamentos■ Pedagógicos, por la } Prof. Reyna Reyes; 
Fundamentos Morales, por el Prof. Spencer Díaz; Funda¬ 
mentos Psicológicos, por el Prof. Dr. Pedro Freíre y Fun¬ 
damentos Filosóficos, por el Prof. Julio Casal Muñoz, Pre¬ 
sidente del Centro Literario Filosófico ARCA DEL SUR. 


Al Prof. Dr. Manuel Laguarda 


DERECHOS RESERVADOS 
ES PROPIEDAD 




OBRAS DEL AUTOR 


Libros publicados. 

LA EXPRESION INMOVIL, prosa poética y filosófica. Premiado 
por el Ministerio de Instrucción Pública, Concurso Remuneracio¬ 
nes Liter. 1946. 

FILOSOFIA GRIEGA. Estudio para la docencia. Primera parte de 
‘ISíntesis de la Filosofía Universal”. 

FILOSOFIA CRISTIANA. Trabajo docente. 2^ parte de “Síntesis . 
de la Filosofía Universal”. 

MEMORIA VIVA. Poesías y ensayos psicológicos. 

SER Y MUERTE. Ensayo de Filosofía Integral. Premiado por el 
(Ministerio de Instrucción Pública. Concurso de Remuneraciones 
Literar. 1950. 

POETICA DE LO ABSOLUTO. Ensayas de Poética y metafísica. 

En preparación . 

FILOSOFIA MODERNA. 3^ parte de Síntesis de la Filosoifía Uni¬ 
versal. 

FILOSOFIA ACTUAL. 4^ parte de Síntesis de la Filosofía Uni¬ 
versal. 

MARJAL. Novela social y filosófica. 

Folletos, ensayos y conferencias. 

FUNDAMENTOS FILOSOFICOS DE LA DEMOCRACIA. Con¬ 
ferencia. Folleto. 

TRASCENDENCIA DEL PENSAMIENTO DE VAZ FERREIRA. 
Conferencia. Folleto. 

CRISIS DEL ESPIRITU. Conferencia. Folleto. 

MEDITACIONES Y RECUERDOS, sobre el poeta Julio J. Casal. 

UNIDAD TRASCENDENTE EN EL ARTE. Ensayo. 

EL ARGUMENTO ONTOLOGICO, San Anselmo y Descartes. Ensayo. 

EL HOMBRE INTEGRAL. Ensayo. 

EL PROBLEMA DE LA «MUERTE. Ensayo. 

ACTUALIDAD DE SGHILLER. Ensayo. 

GOETHE Y NIETZSCHE. Ensayo literario filosófico. 



FUNDAMENTOS FILOSOFICOS DE LA 
DEMOCRACIA 


Estamos reunidos aquí, (1) para contribuir a la inves¬ 
tigación de un problema que nos concierne a todos en lo 
más íntimo. 

¿ Existen fundamentos filosóficos en la Democracia ? 
¿Es acaso este modo de convivencia que nos reúne en nues¬ 
tra vida social y en cada órbita individual, el más conve¬ 
niente? La Democracia, como sistema de gobierno, ¿es el 
más adecuado para las relaciones entre los hombres? no so¬ 
lamente para nuestro peculiar concepto de vida perteneciente 
a una república, sino ¿para cualquier región del planeta, 
habitada por grupos humanos civilizados? 

Es evidente, que en las democracias que existen en la 
actualidad, hay mucho por corregir, pero es a toda luz posi¬ 
ble, por la misma naturaleza del estado democrático, exento 
de dogmas inflexibles, de instituciones que mejoran de con¬ 
tinuo, asimilando las experiencias de cada generación. 

La primera labor a realizar es darle a las palabras y 
conceptos un máximo de claridad, la retórica superficial ha 
herido su cúmulo de verdad; cuando se habla de libertad o 
de justicia social, es difícil saber a que atenernos, porque 
los hechos están en contradicción muy a menudo con las 
palabras. 

Corresponde a los intelectuales la tarea impostergable 


(1) Conferencia en el Ateneo de Montevideo, el 26 de Agosto 
de 1954. 



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de dignificar doctrinas y principios con la certeza de un tes¬ 
timonio imparcial en la investigación de los problemas, con 
criterios sinceros, iluminar la conciencia moral de los hom¬ 
bres, y el respeto por la seriedad de las cuestiones a tratar. 
Considero que la misión de los escritores como vanguardia 
de su generación para relacionar las antiguas culturas, con 
el momento presente y el vuelo de la lejana e ignota verdad 
que viene hacia nosotros desde el futuro. Es pulsar el tiem¬ 
po, y es muy difícil no caer en contradicción, .cuando se 
aceptan de antemano puntos de vista admitidos, antiguos 
errores, injusticias evidentes. Constituye, para el hombre de 
espíritu superior, una limitación, y un verdadero legado de 
prejuicios, que enturbian la honesta visión de los problemas. 

El poder analizar con plena, libertad los fundamentos y 
los errores en el régimen democrático, constituye por sí solo, 
un fuerte argumento en favor de la democracia contra cual¬ 
quier otra forma de gobierno. 

Si los derechos humanos constituyen ■ la fuente viva y 
esencial de la personalidad, es posible el planteamiento de 
conceptos básicos a investigar, respetando el silencio y el 
misterio, el ideal y la esperanza; si desciendo en lo más au¬ 
téntico del yo, compruebo la coexistencia en mi mundo in¬ 
terior, del mundo externo que me rodea, y un solo latir, 
traduce en mi morada, las eternas ideas que han nacido en 
la primer conciencia del hombre que reflexiona, como si el 
tiempo no existiera, y un mismo presente nos devuelve el 
hito gigantesco, tal como se forjara en los albores del pen¬ 
samiento occidental. 

En nuestra Democracia tenemos los clásicos conceptos 
de Justicia, Libertad, Igualdad, y quizá sea legítimo com¬ 
pletar con las ideas de Amor, Humanidad, Seguridad y Res¬ 
ponsabilidad. Estos valores constructivos deben prevalecer 
para el mejoramiento de las instituciones sobre los negati¬ 
vos, a desterrar inexorablemente, si queremos presenciar los 



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albores de una Nueva Democracia. La oposición estaría re 
presentada por la Injusticia, la esclavitud y la iniquidad; el 
odio y el egoísmo, la explotación y la ignorancia. Las fuer¬ 
zas destructivas como la violencia, la tiranía y el vicio, bor¬ 
dean todos los caminos del hombre democrático, es casi he¬ 
roico, continuar por la senda de la luz, de honradez y de 
dignidad, pero es necesario conocer los peligros que acechan 
a la Democracia, desde ángulos tan distintos, para poder sal¬ 
var las culturas de occidente, los legados de 25 siglos de 
experiencia, los tesoros del arte y el mundo del espíritu, que 
tantas generaciones construyeron, para enseñarnos que es 
posible que un día los hombres elijan la paz y el bienestar, 
y se asombren de las guerras y la barbarie, y la injusticia se 
apague en el vocabulario de los hombres. 

¡Pero qué lejos estamos todavía de ese horizonte de 
1 plenitud! 

Vamos a estudiar las principales contribuciones de los 
filósofos, en la investigación de los conceptos propuestos co¬ 
mo básicos para el ejercicio de una auténtica Democracia, 
y veremos que aún frente a las más agudas críticas, hay 
aspectos que orientan hacia, una posible superación y en- 
cauzamiento, una depuración sublime de ideales. Comenze- 
mos con el análisis del concepto de justicia de Platón. 

CONCEPTO DE JUSTICIA EN LA 
REPUBLICA DE PLATON 

La Justicia! la diké de los griegos, es el tema central 
de “La República”, la obra de madurez del genio, el título 
verdadero del diálogo es “Politeia”, que significa organiza¬ 
ción política de la ciudad, sin implicar una forma de gobier¬ 
no como sugiere el nombre latino. El Estado es para Pla¬ 
tón, la forma natural, ampliada, la imagen social, del alma 
individual. De este modo, el análisis de un principio moral: 



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lá Justicia, debe plantear el comienzo de la tesis platónica 
sobre el Estado Ideal. 

La Justicia representa la virtud política fundamental. 

El Estado realizaría la persona moral, semejante, salvo 
en las proporcionees, a la persona humana. Al estudiar la 
vida pública ateniense, Platón indaga a fondo la raíz filo¬ 
sófica del problema, y el modo como las costumbres pueden 
mejorarse, siguiendo el camino de la naturaleza humana, 
forjando un Estado Ideal. 

En el libro I de la República, plantea el tema de la 
justicia. 

Platón hace narrar a Sócrates las discusiones que sostu¬ 
vo con varios amigos en el Pireo, después de celebrarse una 
fiesta religiosa. Al principio cambia ideas con el anciano 
Céfalo sobre la vejez, y éste dice que no se explica por qué 
tantos hombres se lamentan de placeres perdidos, puesto 
que es un estado, de reposo y de libertad respecto de los 
sentidos, pero pronto habla de las ventajas de la riqueza, y 
de allí penetra la discusión en el tema de la justicia. 

En un primer momento, como si fuera un preámbulo, 
entre irónico y sofístico, se presentan algunas definiciones 
sobre la justicia de carácter particular y provisorio. 

“Decir siempre la verdad”. “Dar a cada uno lo que de 
él se ha recibido”. Pero no debe decirse la verdad a los de¬ 
mentes y a los insensatos, porque puede agudizar su enfer¬ 
medad o perjudicarlos. ¿Será la justicia hacer bien a los 
amigos y mal a los enemigos? Pero no siempre puede sa¬ 
berse con exactitud quienes son los verdaderos amigos y 
podemos caer en el absurdo de hacerles mal a quienes nos 
hacen bien. Pero además el hombre justo, no debe hacer 
mal a nadie, puesto que si es justo por su propia naturaleza 
aplicará la justicia. ¿Será la justicia hacer bien a todos? 
Sería también injusto no dar a cada uno lo que merece, 



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premiar al laborioso, como al inútil. Inmediatamente se ele¬ 
va de plano la discusión, pasa de la esfera individual a la 
social, por la intervención del sofista Trasímaco. 

Frente a la tesis del Derecho natural, decía Trasímaco 
que el Derecho era lo que convenía al fuerte para explotar 
al débil, y Calicles que era algo de lo que se valían los dé¬ 
biles para defenderse del fuerte. 

Nos dice Platón: “Cuando cesamos de hablar, Trasí¬ 
maco no pudo contenerse y tomándola conmigo me dijo: 
Sócrates, ¿Quieres saber sencillamente lo que es la justicia? 
No te limites a interrogar y procurarte la necia gloria de 
refutar las respuestas de los demás. No ignoras que es más 
fácil interrogar que responder. Respóndeme ahora tú ¿Qué 
es la justicia? Y no me digas que es lo que conviene, lo que 
es útil, lo que es ventajoso, lo que es lucrativo, lo que es 
provechoso; responde neta y precisamente porque yo no soy 
hombre que admita necedades como buenas respuestas”. 

Sócrates quedó absorto, pero le responde muy serena¬ 
mente: “Trasímaco, no te irrites contra nosotros, si hemos 
errado en nuestra conversación, ha sido contra nuestra in¬ 
tención, si buscáramos oro, no nos engañaríamos haciendo 
imposible nuestro descubrimiento; y ahora que nuestras in¬ 
dagaciones tienen un fin mucho más precioso que el oro, esto 
es, la justicia,, ¿nos crees tan insensatos, que gastemos el 
tiempo en engañarnos, en lugar de consagrarnos seriamente 
a descubrirla?” “No por eso dejo de conocer, que esta in¬ 
dagación es superior a nuestras fuerzas, y debe inspirarnos 
un sentimiento *de compasión y no de indignación nuestra 
flaqueza”. 

El sofista Trasímaco sintiéndose triunfador dice: “Sa¬ 
bía bien que no responderías y ya había prevenido a todos 
que apelarías a tus conocidas mañas y que harías cualquier 
cosa menos responder”. Pero el triunfo del sofista es pa- 



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sajero, Sócrates continúa: “A tí te toca, más bien decir lo 
que es la justicia, puesto que te alabas de saberlo, responde 
y no hagas desear a los que quieren que tú los instruyas”. 

“Tal es,, dijo, el gran secreto de Sócrates; no quiere 
enseñar a los demás, mientras que va por todas partes men¬ 
digando ciencia”. 

“Pues bien, escucha, Digo que la justicia no es otra co¬ 
sa que lo que es provechoso al más fuerte. ¡Y bien! ¿por 
qué no aplaudes? Ya sabía yo que no lo habías de hacer”. 
Sócrates destruye la tesis de Trasímaco. Pues éste luego 
de una hábil y extensa argumentación concluye, que la jus¬ 
ticia es un bien para todos menos para el hombre justo, la 
injusticia favorece al que la practica, el poder absoluto lo 
convierte al hombre en un ser sin escrúpulos, que domina al 
justo en su solo provecho. ¿Es entonces la justicia el más 
hábil de los vicios? Conduciría inevitablemente a la tiranía 
y al desastre moral de los pueblos. Platón va presentando 
los argumentos de sus contrarios, con la mayor fuerza po¬ 
sible, para al fin dejarlos en el absurdo. El problema puede 
plantearse de otro modo, es la tesis negativa de Calicles, que 
de labios de Glaueón aparece en el libro II de la República. 

Por la justicia el hombre vive honradamente y el in¬ 
justo en zozobra, el justo es más feliz que el fuerte e in¬ 
justo. Pero Glaueón presenta un argumento que parece muy 
fuerte: Como el pastor Giges, que invisible por un mágico 
anillo, se decide por los actos injustos ya que los realiza im¬ 
punemente. Así, del mismo modo el hombre honrado, se 
conformaría con solo merecerlo, si puede ocultar sus malas 
acciones. Los más grandes crímenes pueden ser cometidos 
bajo la apariencia de una bien ganada reputación, en cam¬ 
bio el hombre justo, que vive tal como piensa, parecerá un 
malvado, aunque no lo sea, sufrirá los más severos castigos 
y terminará posiblemente su vida”, azotado, atormentado, 



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encadenado, y en fin, después de haber sufrido toda clase 
de males, se le crucificará, y así se le hará comprender, que 
no hay que cuidarse de ser justo, sino de parecerlo”. Y 
preguntan finalmente a Sócrates, Adimanto y Glaucón: 
“Haznos ver cómo por su naturaleza propia, tengan o no 
conocimiento de ello los dioses y los hombres, la una es un 
bien y la otra un mal”. 

Sócrates, a pesar de las inmensas dificultades, no tuvo 
valor para traicionar la causa de la justicia. Suspende pro¬ 
visoriamente su plan de indagación y podemos decir que 
después de estos dos primeros capítulos de la República, en 
donde se plantea el problema de la esencia de la- justicia, en 
los ocho restantes, hasta finalizar la obra, encontramos el 
profundo análisis de Platón, destinado a responder a la pre¬ 
gunta: ¿Qué es la Justicia? y a esta otra: ¿Es posible la 
justicia entre los hombres? Podemos afirmar, en nuestro 
concepto, que toda la República, es una respuesta a estas 
preguntas sobre la naturaleza y posibilidades humanas de la 
Justicia. Nos dice: “Indagaremos cual es la naturaleza de 
la justicia en los Estados, después la estudiaremos en cada 
hombre, y reconoceremos en pequeño lo que hemos visto ya 
en grande”. Los fundamentos del Estado platónico, son los 
de toda sociedad humana, las necesidades del hombre, pri¬ 
mero las materiales, luego las intelectuales y por fin las de 
carácter moral. 

El hombre individual no puede bastarse a sí mismo, el 
hombre desde que nace ya es un ser social, pero lo maravi¬ 
lloso en Platón es que la asociación de individuos que cons¬ 
tituye un Estado, es al mismo tiempo social, sin dejar , de 
ser reflejo de lo individual. En su origen el Estado estará, 
formado naturalmente por el que labra la tierra, el labra¬ 
dor, el que hace la casa, arquitecto, los que tejen los abri¬ 
gos, el tejedor y el zapatero. Pero se agranda poco a poco 



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y forman parte el carpintero, el herrero, el pastor y todos 
los artesanos cuyos- oficios son útiles e indispensables para 
la vida de una sociedad . Es el Estado sano de que nos ha¬ 
bla Platón, y cuyo gobierno será ejercido por los mejor do¬ 
tados, del mismo modo que en la naturaleza del hombre hay 
tres partes fundamentales: Razón, valor y apetitos; así en 
el estado platónico existirían naturalmente tres clases socia¬ 
les: los filósofos, los guerreros y los artesanos. Esto ha sido 
criticado desde diversos puntos de vista, sin embargo, aún 
en el mismo mito en que se funda Platón para proponer esta 
división ya aparece su intención de reflejar lo natural, sin 
dogmas, ni prejuicios. 

Es posible pasar de una clase a otra, en generaciones 
sucesivas, ya para mejorar, como para descender, según el 
uso que se hubiera hecho de las condiciones innatas. 

Oigamos la palabra de Platón: “Ciudadanos, sois to¬ 
dos hijos de la tierra, debéis por tanto defenderla como a 
una madre, y en vuestro trato recíproco trataros como her¬ 
manos. Pero el Dios que os ha formado, ha puesto oro, en 
los que entre vosotros son a propósito para gobernar a los 
demás, a otros los hizo de plata, son los guerreros, hierro 
y bronce en la composición de los labradores y artesanos”. 
“Pero estas clases no estarán separadas por barreras insal¬ 
vables, sino por una trasmisión natural, los hijos deben pare¬ 
cerse y perpetuar lo propio de su carácter, esto no impedirá 
que unos individuos puedan pasar de una clase a otra, ya 
subiendo, ya bajando, el oro puede hacerse algunas veces 
plata y ésta oro, lo mismo sucederá con los demás metales ,, . 
Platón sostiene que es por medio dé la educación que puede 
mejorarse a los hombres, cualquiera sea [su posición social 
inicial . 

Y es evidente que estas ideas no son de exclusivo pe¬ 
culio aristocrático, porque las diferencias de las virtudes y 



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de los talentos, son factibles en la más auténtica de las de¬ 
mocracias . 

Cuando el Estado ideal alcance su plenitud debe poseer 
estas cuatro virtudes cardinales: Prudencia, valor, templan¬ 
za y justicia. Ahora bien, la prudencia es la virtud del fi¬ 
lósofo, del magistrado, del legislador, el hombre que pertenece 
a la primera clase social, por sus condiciones y su educa¬ 
ción. El valor debe acompañar siempre a los guardadores 
y defensores del estado, es la virtud militar por excelencia; 
la templanza debe ser la virtud de la clase trabajadora para 
realizar en la mejor forma posible sus funciones. ¿Y a 
quiénes está reservado administrar justicia en el estado ideal 
platónico? ¿Qué clase social es la encargada de la más di¬ 
fícil de todas las misiones? y aquí viene la tesis de Platón 
sobre el problema de la Justicia. Cuando esperamos una 
revelación sensacional, nos encontramos con una respuesta 
sencilla, pero que por eso mismo alcanza esa sublime perfec¬ 
ción de lo que es auténtico y natural: “la Justicia consiste 
en ocupar cada uno la I junción que le está encomendada, en 
realizar sus propios negocios y es la virtud que mantiene a 
cada hombre en su puesto” . Que le enseña lo que debe ha¬ 
cer, sin que otro se lo ordene. Es una especie de responsa¬ 
bilidad natural. 

La justicia sólo es posible en un estado completamente 
sano, y en hombres de limpio corazón. Y si la justicia es 
en el campesino saber labrar la tierra y recoger amorosa¬ 
mente el fruto, en el guerrero consiste en saber ser un héroe 
cuando la defensa de sus ideales así lo exige, en el momento 
apropiado;, y en el filósofo la justicia sólo es dable si real¬ 
mente lo es, sin artificios de lenguaje, con profundidad y 
dignidad en su conciencia. El filósofo para Platón debe po¬ 
seer las siguientes condiciones: 1) Amor apasionado por la 
ciencia. 2) Amor por la verdad tan intenso como el horror 



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por la mentira y el error. 3) Desdén por los placeres del 
cuerpo e inclinación a los placeres del alma. 4) Ausencia 
de temor por la muerte, no considerando la vida como cosa 
de gran importancia. 5) Natural inclinación hacia la jus¬ 
ticia y la dulzura, revelada desde los primeros años. 6) 
Una gran facilidad para aprender y buena memoria para 
retener con provecho y 7) Un espíritu lleno de orden y 
gracia, que se deje guiar espontáneamente a la esencia de 
cada cosa. 

Si estas condiciones son naturales y entre los que las 
poseen en mayor grado deben seleccionarse los que gober¬ 
narán con mayor justicia entre los hombres; corresponde a 
la educación y también a la experiencia, afirmar los dones 
naturales, y encauzar las aptitudes. La educación es una 
junción de la comunidad , y muchas veces los filósofos ver¬ 
daderos que no tienen mayores ambiciones de poder, son 
desplazados por los adulones y serviles que se les cruzan en 
el. camino de la política, y entonces prefieren el retiro soli¬ 
tario, el goce de la naturaleza y la huida de la ciudad con 
sus vicios cultivados. Esto es lo que puede producir el Es¬ 
tado enfermo de que nos habla Platón, y las formas de go¬ 
bierno, cada vez más lejos del ideal de perfección. 

Pero la Filosofía sólo habrá cumplido su alta misión 
cuando se ponga al servicio de la comunidad . Y esto será 
posible cuando la sociedad, agotada y casi perdida por el 
saqueo de los mediocres y usureros, vuelva sus ojos a aque¬ 
llos solitarios pero nobles conductores, que sin otra ambición 
que el triunfo de lo verdadero, lo bello y lo bueno, hagan 
posible el reino de la Justicia entre los hombres. 

En el mito de la caverna nos justifica Platón ese ais¬ 
lamiento de los filósofos, esa aparente indiferencia por. las 
cosas del mundo; es que quién ha visto profundo y le ha 
sido concedido poder distinguir entre la luz del Bien supre- 



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mo y las tinieblas de este mundo perturbado por la igno¬ 
rancia y la confusión, encadenado por los placeres sensibles 
al fondo- de la caverna; tiene el derecho a la soledad. 

Pero corresponde al filósofo ayudar a salir de las ti¬ 
nieblas a los cautivos de la caverna. Porque no importa su 
tragedia de tener que retornar a este mundo de incompren¬ 
siones después de haber vivido en la contemplación del Bien 
y de las ideas. Lq felicidad del mayor número posible dé | 
hombres debe ser el fin primordial de cada comunidad . Y 
ello obliga al filósofo a contribuir en la común tarea de bus¬ 
car el equilibrio social, y de ver si es posible alcanzar la fe¬ 
licidad . 

Lo que podríamos llamar LA ADVERTENCIA DE 
PLATON, es su estudio sobre las distintas formas de go¬ 
bierno y entre ellas la Democracia. No por cierto con sus 
valores positivos, que existen y la salvan, sino con sus va¬ 
lores negativos que pudieran ser su perdición, al restarles 
importancia. La aristocracia estaría fundada en la justicia, 
claro que Platón se refiere a esta aristocracia de los talen¬ 
tos y de las virtudes y no de castas, ni de prejuicios, de 
herencias o de títulos. Una aristocracia factible en la de¬ 
mocracia. 

La timocracia, forma de gobierno que existía en Creta 
y en Esparta, fundada en la ambición y el deseo de poder. 
Los hombres que predominan son los guerreros, aman el 
mando por el mando en sí mismo y no por el bien de los 
demás, el resultado inevitable es el descrédito de los gober¬ 
nantes, las pasiones violentas, la lucha, la intriga. En forma 
inevitable este estado timocrático va camino de la oligar¬ 
quía. ¿Quiénes se mantienen en el poder? los de mayores 
reservas en riquezas. 

Y en la oligarquía el militar es sustituido por el hom¬ 
bre rico, poderoso, fuerte. El amor por la gloria es suplan- 



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tado por el amor del dinero. Los ricos son cada vez más 
ricos y los pobres cada vez más pobres. Este estado de co¬ 
sas no puede subsistir muchas generaciones. El número de 
los primeros disminuye por la competencia y* la ruina en 
favor de muy pocos, y en cambio un verdadero ejército de 
mendigos, ladrones, seres hostiles, sólo contenidos por el te¬ 
mor, aumenta sin cesar. Un día la fuerza del pueblo es 
poderosa y la revolución triunfa. El pueblo ocupa el poder, 
se reparte sus cargos entre los líderes, y tenemos el estable¬ 
cimiento de la Democracia. Como la ambición caracterizaba 
a la timocracia, el afán de lucro al hombre oligárquico es 
la libertad lo que caracteriza al hombre en la Democracia. 

Ningún hombre está obligado a dejarse gobernar si no 
quiere, puede cambiar de ocupación y de trabajo. A nadie 
se le exige aceptar un cargo, cualquiera sean las condicio¬ 
nes que posea para desempeñarlo, y del mismo modo mu¬ 
chas veces los hombres trabajan en asuntos muy distintos 
de sus oficios o inclinaciones. 

Dice Platón: “Es un gobierno encantador, donde nadie 
manda, una mezcla singular que ha encontrado el modo de 
establecer la igualdad, tanto entre cosas iguales como desi¬ 
guales”. “El joven democrático ni siquiera escucha los con¬ 
sejos de los ancianos que están llenos de buen sentido y de 
experiencia; califican el pudor de imbecilidad, y le rechazan 
ignominiosamente, destierran la templanza, dándole el nom¬ 
bre de cobardía”. Introduciendo de este modo en sus vacías 
cabezas, la insolencia, la anarquía, el libertinaje y la desver¬ 
güenza . Pero en realidad disfrazan sus nombres: la insolen¬ 
cia con el de cultura; la anarquía con el de libertad; el li¬ 
bertinaje con el de magnificencia; la desvergüenza con el 
de valor. Insiste Platón: “¿No es de esta manera como un 
joven, acostumbrado desde la infancia a no satisfacer otros 
deseos que los voluntarios, pasa al estado no sé si de líber- 



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tad o de esclavitud, en el que se deja dominar por una in¬ 
finidad de deseos supérfluos y perniciosos? “Vive al día, el 
primer deseo que se le presenta, es el primero que satisface. 
Hoy tiene deseo de embriagarse, entre .canciones báquicas, 
y mañana ayunará y no beberá más que agua. A veces sube 
a la tribuna, habla y obra sin saber lo que dice y lo que 
hace. Un dia es político, otro comerciante. En una palabra, 
en su conducta no hay nada fijo, no* permite que se le opon¬ 
ga resistencia y considera esta vida como dichosa”. 

La libertad es el más precioso de los bienes en la De¬ 
mocracia. Pero estas críticas sinceras de Platón nos seña¬ 
lan lo que en la actualidad denominamos una Demagogia. 
Es, podríamos decir el tumor de la Democracia, el dema¬ 
gogo, que convive con el hombre sano en las democracias 
puede ocasionar la ruina de su estado. 

El mal uso de la libertad puede culminar según Platón 
en la desobediencia a las mismas leyes, para no tener nin¬ 
gún señor. No se puede incurrir en ningún exceso sin el 
peligro a caer en el exceso contrario. “La libertad excesiva 
nos dice Platón, debe producir tarde o temprano, una ex¬ 
trema servidumbre”. 

Es el pasaje a la peor de las formas de gobierno: La 
Tiranía. 

“El azote que proveniente de la obligarquía, transcurre 
en la Democracia y conduce a la tiranía, es esa muchedumbre 
de zánganos, unos con aguijón y otros sin él, unos valientes 
de donde saldrá el tirano y otros en número mucho mayor, 
cobardes que le siguen”. Pero sucede, según el concepto de 
Platón que estos individuos, son los que están a la cabeza 
de los negocios y de la cosa pública. Unos hablan y obran, 
otros murmuran alrededor de la tribuna. Existe también, 
naturalmente, el pueblo, el mundo de gente desposeída y cu¬ 
yos salarios apenas les alcanzan para subsistir. Es el mayor 



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número, y son engañados en las asambleas por los zánganos. 

Es evidente que entre los que se dicen protectores del 
pueblo, y sólo lo son de su afán de engrandecerse, nace el 
tirano. El que se ha alimentado de entrañas humanas se 
hace lobo. “Encontrando al pueblo sumiso a su voluntad, 
empapa sus manos en la sangre, de sus conciudadanos, 
arrastrando a sus rivales a tribunales sumisos por acusa¬ 
ciones calumniosas, demasiado frecuentes, hace por fin que 
expiren en suplicios y en el destierro. El que se dice pro¬ 
tector del pueblo desconfía de cuantos le rodean, destruye 
todo lo que puede oponerse a sus bajos designios y se de¬ 
clara abiertamente tirano. 

La servidumbre más dura y amarga sucede de este mo¬ 
do a una libertad excesiva y desordenada. El despotismo 
más despreciable hace que los hombres sueñen con la liber¬ 
tad que no supieron defender. 

El tirano es el hombre que ha cedido su voluntad a la 
parte más'irracional de su ser: el apetito, los deseos sen¬ 
suales, sin freno, ni control. Así es como la embriaguez o 
la demencia o el desorden y el crimen presiden sus actos. 

Este ser es por lo tanto el menos libre, el más desdi¬ 
chado . 

Cuando domina la parte intermedia, lo colérico, el va¬ 
lor, que un buen uso puede modelar y perfeccionar, el pre¬ 
dominio absoluto de esta zona del hombre da por resultado 
el deseo de poder, de riqueza, de gloria, y tenemos al hom¬ 
bre de las timocracias y de las oligarquías. Sólo el triunfo 
de lo racional, produce el deseo por el aprendizaje, el interés 
por la ciencia, es el hombre que posee un natural filosófico. 
¿Qué consecuencias podemos extraer de este análisis de la 
República de Platón, concerniente a nuestro tema, funda¬ 
mentos filosóficos de la Democracia? ¿Debemos mirar su¬ 
perficialmente y considerar que la democracia es un mal? 



— 19 — 


O es más correcto concluir, pensando que la magistral lec¬ 
ción de Platón puede ser sumamente provechosa. Han pa¬ 
sado muchos siglos desde entonces, y el problema sigue 
planteado en forma análoga. Pero el régimen democrático 
se ha ido puliendo en el crisol y la experiencia de muchas 
generaciones. En cambio el nombre de aristocracia — aún 
puro en Platón — se identificó paulatinamente con regíme¬ 
nes que intentan sostener privilegios de unos hombres sobre 
otros, no de virtudes, sino de poder. 

Razas, títulos, herencias cuantiosas, prejuicios y pre¬ 
rrogativas adquiridas, muchas veces por usurpaciones o ex¬ 
plotaciones, guerras y rapiñas. Y junto con los ambiciosos 
y los avaros, han sido los verdaderos promotores de las 
despreciables, pero tan comunes dictaduras y tiranías, los 
pueblos han sido siempre los que han sufrido. Han confia¬ 
do y han sido engañados en repetidas ocasiones. Y les queda 
como una intuición latente, el amor por la libertad y la jus¬ 
ticia. Y estos dos valores sólo aparecen juntos en las de¬ 
mocracias. No en las demagogias que muchas veces usurpan 
su nombre a las democracias para defender intereses bas¬ 
tardos, o capitales amasados a costa de explotación de los 
pueblos oprimidos. 

LOS DERECHOS NATURALES 

Si el análisis de la República de Platón nos entrega un 
noble material de estudio para comprender el concepto de 
Justicia, básico en el ejercicio de la democracia; con respecto 
al concepto de libertad y al concepto de igualdad, es necesa¬ 
rio investigar en la historia del derecho natural y su con¬ 
tribución en la aclaración de tan importante tema, básico 
como fundamentación filosófica de la democracia. Claro que 
en el brevísimo tiempo de que disponemos sólo podemos in- 



— 20 — 


vestigar los momentos más importantes de la cuestión, que 
un análisis profundo extendería en forma muy prolongada. 
Ya Aristóteles diferenciaba el derecho natural basado en la 
justicia natural del derecho positivo, que es variable en ca¬ 
da pueblo, y opone su contingencia a la universalidad del 
primero. 

Pero son los filósofos estoicos quienes dan un carácter 
definido y claro a los derechos naturales, Zenón de Citio 
distingue entre acción y pasión, y la voluntad libre debe ele¬ 
gir el camino racional si quiere alcanzar la perfección; es el 
estoicismo medio de Panecio de Rodas y Posidonio de Si¬ 
ria, quien plantea el cosmopolitismo, la necesaria racionali¬ 
zación de la existencia, criticando agudamente las fronteras, 
las diferencia de razas o de clases, y ya nos hablan de que 
en un principio el hombre era libre y convivía en relaciones 
de igualdad, sin estado, ni gobierno, pero al pasar del es¬ 
tado natural al social, surgieron instituciones imperfectas. 
Idea que posteriormente va a retomar Rousseau para fun¬ 
damentarla filosóficamente. En el nuevo estoicismo, Séneca 
con su ideal del sabio, Epícteto al valorar la libertad moral 
en la conciencia en forma heroica frente a toda coacción 
exterior y proclamar la libertad del hombre como el sumo 
bien, y Marco Aurelio profundizando el análisis, con sus 
conceptos de comprensión y tolerancia; son quizá los pre¬ 
cursores más importantes del humanismo renacentista y del 
mundo moderno, base de la democracia. El cristianismo 
contribuye al desarrollo del derecho natural, especialmente 
con la supresión de la esclavitud y la idea de fraternidad; 
claro que estos conceptos van encerrándose paulatinamente 
durante toda la edad media por su subordinación a la teo¬ 
logía que caracteriza a la escolástica. San Pablo augura el 
reino de Dios en la tierra, Agustín en la Ciudad de Dios, 
el triunfo del cristianismo por la perfección del alma indi- 



— 21 


vidual. Y ya en Tomás de Aquino se plantea la propuesta 
de una monarquía universal cristiana. 

Con el renacimiento retornamos a la idea de libertad y 
de justicia, que había sido tan vital para el mundo de los 
griegos. El hombre despierta en la conciencia de su propio 
valor, el arte 1 irrumpe los viejos moldes buscando inspira¬ 
ción en los clásicos, es el Humanismo que nace, y con él, 
la raíz más auténtica de la democracia. La obediencia y 
servidumbre que caracterizaron gran parte de la ideolo¬ 
gía medioeval, son reemplazadas por el libre análisis que la 
Reforma opone al* dogma. Y por la exaltación de la natu¬ 
raleza, el triunfo de la libertad del pensamiento. 

Nace un nuevo evangelio: el de la Humanidad. Y el 
hombre renacentista lucha por alcanzar el ideal de la feli¬ 
cidad en esta tierra, aunque ahora se sabe con Galileo y con 
Copérnico, que nuestro planeta no es el centro del universo, 
sino sólo una partícula perdida en el arenal del cosmos. 

El hombre humanista sustituye el temor a lo descono¬ 
cido por la ciencia que indaga el fondo de las cosas, la es¬ 
téril vanidad, por el estudio sereno. 

La naturaleza vuelve a ser la fuente viva de experien¬ 
cias, más allá de los mitos. 

El genio de Miguel Angel y la sabiduría de Leonardo, 
abren nuevos cauces al arte. 

Montaigne en Francia publica sus “Ensayos”, de ina¬ 
gotables sugerencias, en donde combate la educación unila¬ 
teral de la Edad Media y propone el equilibrio integral del 
hombre, más importante que educar almas y cuerpos, es 
educar hombres, nos revela, dándonos un fundamento peda¬ 
gógico para la democracia de hondo contenido filosófico. 

La conciencia recta es la base de la actitud científica. 
Rabelais con fuerte ironía impregna a sus escritos de la 
antítesis entre el mundo en decadencia o un mundo nuevo 



— 22 — 


en donde viven las artes y las letras junto con el nacimien¬ 
to de la ciencia. Luis Vives, católico y español, demuestra 
con espíritu profundamente humanista, el valor de la razón 
y de la experiencia, sobre la dogmática artificial en la filo¬ 
sofía y la educación. Pero es la figura magnífica de Eras- 
mo de Rotterdam en donde el humanismo logra su máxima 
expresión. Su obra y su vida es una lucha contra los valo¬ 
res negativos que intentan ocultar la luz del entendimiento. 
Ataca sin piedad al despotismo y culpa a la ignorancia de 
ser la causa de todo fanatismo. Augura una época en que 
el hombre será libre de temores y prejuicios, en donde pue¬ 
da renacer a la belleza y a la armonía. Sus obras filosófi¬ 
cas son un canto pleno de esperanzas para el mundo libre 
de acechanzas y barbaries, para el encuentro de la grandeza 
en la realización de la justicia en la convivencia humana. 

En la época moderna el Derecho natural pasa por tres 
períodos principales. En el primero hay avance en cuanto 
al postulado de la libertad económica, pero en forma muy 
relativa, es el incremento del comercio y de la industria, y 
la aparición de la burguesía formada por los pequeños pro¬ 
pietarios y comerciantes. Los teóricos de este período re¬ 
comiendan por lo general en el terreno político el absolutis¬ 
mo y la monarquía, los pensadores principales son Hobbes, 
Hugo Grocio y Spinoza. 

En un segundo momento, la burguesía que ha conquis¬ 
tado el predominio económico es partidaria del liberalismo 
en política. Montesquieu divide las formas de gobierno en 
monarquía caracterizada por el honor, despotismo por el 
miedo y república o democracia por la virtud. Ya no es el 
derecho la expresión del poder y de la fuerza como para 
Hobbes, sino que por el contrario debe existir control en¬ 
tre las distintas partes del gobierno para un mejor uso del 
derecho y debemos a Montesquieu la división en Poder Le- 



23 


gislativo, judicial y ejecutivo, como condición necesaria de 
todo gobierno bien constituido; si bien es cierto que ya 
antes Locke había expresado ideas t análogas sobre origen 
y fin del gobierno. 

En esta etapa tiene su origen la conciliación entre el 
liberalismo burgués y el capitalismo industrial, que iniciado 
a principios del mundo moderno ha echado raíces y usu¬ 
fructuado en provecho propio,' los beneficios que la demo¬ 
cracia proporciona a la libre empresa. La tercera etapa del 
Derecho natural en la época moderna es la que representa 
Juan Jacobo Rousseau, el ilustre ginebrino, que desarrolla 
hasta sus consecuencias finales el concepto de democracia 
popular, de soberanía del pueblo, con su teoría del “Contrató 
Social”; que por su importancia como fundamentación fi¬ 
losófica del régimen de gobierno que estudiamos, analizaré 
más profundamente. 

CONCEPTO DE LIBERTAD E IGUALDAD 
EN ROUSSEAU 

Con Rousseau adquieren los derechos individuales un 
sentido fundamental en la sociedad humana, del mismo mo¬ 
do como fueron la justicia para Platón, la razón y la liber¬ 
tad para los estoicos, y la dignidad humana y la ciencia 
£>ara los espíritus del renacimiento. 

Si bien admite Rousseau que en el estado de naturale¬ 
za los hombres eran totalmente libres* y no conocían leyes, 
ni propiedades; una vez realizado el contrato social, y esta¬ 
blecido el Estado, los individuos no pierden sus derechos 
individuales, sino que los conservan en forma inalienable. 

Los individuos ceden parte de su libertad en beneficio 
de la sociedad, pero ésta a su vez garantiza los derechos 
naturales de cada uno. Esta teoría conduce a la soberanía 



— 24 — 


del pueblo y a la democracia directa. El gobierno no lo 
ejerce una minoría que representa al pueblo, como en nues¬ 
tras democracias representativas. Sino que Rousseau pien¬ 
sa en forma extrema, aunque sabe que constituye un ideal 
difícil de conciliar con el gobierno de las grandes naciones, 
por su número elevado de miembros. Pero sí, era posible, 

. en los cantones suizos, en donde piensa realizar su experien¬ 
cia del gobierno directo del pueblo; además posiblemente 
toma Rousseau como ejemplo a la democracia ateniense del 
siglo de Pericles, que tanto éxito alcanzó. Su concepto re¬ 
ferente a las grandes monarquías de su época: Francia e 
Inglaterra, enfrenta la posibilidad real de una democracia 
representativa en donde los hombres del pueblo ejerciten sus 
derechos, delegándolos en una asamblea, un presidente o un 
rey. Idea que logrará ser semilla fecunda en la Revo¬ 
lución Francesa y que‘cambiará en cierto modo el destino 
de los pueblos. 

Opone Rousseau el concepto- de derecho al de esclavi¬ 
tud y nos dice que son contradictorios. Hay siempre dife¬ 
rencia entre sujetar una muchedumbre y gobernar una so¬ 
ciedad, la primera forma es un despotismo, la segunda una 
norma de derecho. Nos dice que: “Supongamos'que los 
hombres hayan llegado a un punto tal que los 'obstáculos 
que dañan a su conservación en el estado de naturaleza su¬ 
peren por resistencia las fuerzas de cada individuo,. en tal 
caso, su primitivo estado no puede durar más tiempo y pe¬ 
recería el género humano si no variase su modo de vida”. 

La tesis individualista elabora la idea central de Rous¬ 
seau : “Encontrar una forma de asociación capaz de defender 
y proteger con toda la fuerza común, la persona y los bienes 
de cada uno de los asociados: pero de modo que cada uno 
de éstos uniéndose a todos, sólo obedezca a sí mismo y que¬ 
de tan libre como antes”. 



25 — 


La realización del contrato social está determinado por 
la naturaleza, de tal suerte, que la menor modificación de¬ 
jaría sin efecto sus cláusulas, pues si bien no han sido ex¬ 
presadas formalmente, en todas partes son las mismas, tᬠ
citamente “admitidas y reconocidas, hasta que por la viola¬ 
ción del pacto social, recobre cada cual sus primitivos 
derechos y su natural libertad”. Nos dice Rousseau: “Este 
acto de asociación produce un cuerpo moral y colectivo, 
compuesto de tantos miembros como tiene la Asamblea”. 
Y nos afirma que el pacto social se reduce a éstos térmi¬ 
nos : “Cada uno de nosotros, pone en común su persona y 
todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad ge¬ 
neral, recibiendo también a cada miembro como parte invi¬ 
sible del todo”. Su análisis de los distintos conceptos que 
integran las relaciones sociales es sumamente instructivo: 
“Esta persona pública, tomaba antiguamente el nombre de 
“Civitas”, y ahora el de “República”, cuerpo positivo al que 
sus miembros llaman “Estado” cuando es pasivo, “Sobera¬ 
no” cuando es activo, y “Potencia”, comparándola con sus 
semejantes. Por lo que mira a sus asociados toman colec¬ 
tivamente el nombre de “Pueblo”, y en particular se llaman 
ciudadanos como partícipes de la autoridad soberana y súb¬ 
ditos, como sometidos a las leyes”. 

El tránsito del estado de naturaleza al estado civil, pro¬ 
duce cambios importantes en los hombres, para el autor del 
“Emilio”, sustituye en su conducta los instintos y los im¬ 
pulsos, por la justicia y los deberes, el derecho viene a su¬ 
plantar a los apetitos sin control. Y es la razón el árbitro 
de sus actos en lugar de las inclinaciones. Aunque .se vea 
privado de algunas ventajas que poseía en el estado de na¬ 
turaleza, son tan grandes las ventajas de la nueva situación, 
que puede pensar en que ha abolido la vida animal para 
constituirse en un ser inteligente. 



— 26 — 


“Lo que el hombre pierde por el contrato social, es su 
libertad natural y un derecho ilimitado a todo lo que inten¬ 
ta; lo que gana, es Ja libertad civil y la propiedad de todo 
lo que posee”. Además, es posible decir que el hombre ha 
logrado la libertad moral, que es la única que lo hace dueño 
de sí mismo. 

Para nuestro filósofo el mayor de todos los bienes, que 
debe ser el fin de todo sistema de legislación se reduce a es¬ 
tos dos objetos principales: Libertad e Igualdad. La pri¬ 
mera, porque toda sujeción particular es otra tanta fuerza 
quitada al cuerpo del estado ; la igualdad, porque sin ella no 
puede haber libertad. 

Rousseau, adelantándose a quienes iban a ser sus crí¬ 
ticos y que desde entonces aparecieron en forma ininterrum¬ 
pida, atacando su contrato social, los derechos naturales y 
la misma esencia de la democracia. Expresa con suma leal¬ 
tad y altura de miras: “El qué hace la ley sabe mejor que 
nadie de que manera se ha de ejecutar e interpretar”. Pa¬ 
rece que no se puede encontrar una constitución mejor que 
aquella en que el poder ejecutivo está unido al legislativo,, 
pero esto mismo hace que este gobierno .sea insuficiente, 
porque el príncipe y el soberano, siendo una sola, persona, 
no forman, por decirlo así, más que un gobierno sin gobier¬ 
no. No conviene que el que hace las leyes las ejecute, ni 
que el pueblo separe las miras generales para fijarlas en las 
particulares. Nada más peligroso que la influencia de los 
intereses particulares en los negocios públicos. “Tomando el 
término en todo su rigor, jamás ha existido una verdadera 
democracia, ni es posible que jamás exista”. 

Es contrario al orden natural que gobierne la mayoría 

y que la minoría sea gobernada. No se puede concebir que 
esté el pueblo continuamente reunido para dedicarse a los 
negocios públicos. Cuando las funciones del gobierno estén 



— 27 — 


divididas, adquieren tarde o temprano la mayor autoridad,, 
aunque no hubiese otra causa que la facilidad de despachar 
los negocios, la cual les conduce naturalmente a ello. Agre¬ 
ga también: “Cuántas cosas, todas difíciles de reunir, supo¬ 
ne este gobierno”. Sencillez de costumbres, igualdad en los 
rangos y en las fortunas, pues sin esto no [ puede subsistir 
largo tiempo la igualdad\ base de la libertad ”. Las riquezas 
corrompen igualmente al rico y al pobre, al uno por la po¬ 
sesión, al otro por la codicia, vende la patria para conservar 
la malicia y la vanidad, y todo está, sujeto a la opinión”. 
Nos dice: “Por esta razón un célebre autor ha designado la 
virtud por principio de toda república, pues sin ella no pue¬ 
de subsistir”. Y concluye Rousseau su estudio de la demo¬ 
cracia : “Si existiese un pueblo de dioses, sin duda se gober¬ 
naría democráticamente. Un gobierno tan perfecto no 
conviene a los hombres”. 

HACIA UNA NUEVA DEMOCRACIA 

Las ideas de Rousseau dieron su fruto especialmente 
en la heroica epopeya de la Revolución Francesa, que con¬ 
sagra los derechos del hombre y del ciudadano. 

Ya en el siglo XIII los ingleses habían conseguido que 
Enrique III dictara su Carta Magna, por la que se conce¬ 
den libertades y derechos a los súbditos y los hombres son 
juzgados por sus pares. Pero el derecho inglés adquiere un 
carácter peculiar de juzgar casos particulares. En cambio 
en la Declaración de Derechos de Virginia de 1776, la re¬ 
ferencia es la universalización de derechos tales como: “To¬ 
dos los hombres han nacido igualmente libres e independien¬ 
tes. Tienen ciertos derechos que no pueden por contrato 
alguno privar ni despojar, como el derecho a gozar de la 
vida y de la libertad, adquirir propiedades y buscar y ob- 



— 28 — 


tener felicidad y seguridad”. Toda autoridad emana del 
pueblo, los mandatarios son sus servidores y de él dependen 
en todo momento”. En 1789, Francia elige la libertad. 

En la declaración de derechos franceses, los conceptos 
son claros y precisos: 1) Los hombres nacen y permanecen 
libres e iguales en derechos.' Las distinciones sociales no 
pueden fundarse más que sobre la utilidad común. 2) El 
fin de toda asociación política es la conservación de los de¬ 
rechos naturales e imprescriptibles del hombre: Estos dere¬ 
chos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resis¬ 
tencia a la opresión. 4) La libertad consiste en poder hacer 
lo que no dañe a otro, el ejercicio de los derechos naturales 
no tiene más límite que los que aseguren a los otros miem¬ 
bros de la sociedad el goce de estos mismos derechos. Estas 
ideas triunfaron plenamente y en los primeros cincuenta 
años del siglo XIX fueron adoptadas por la mayoría de las 
nuevas repúblicas americanas cuyas nacionalidades se rigen 
desde entonces por el sistema republicano y democrático de 
gobierno. En Europa, el proceso de transformación de los 
imperios, produjo crisis ideológicas cuyas convulsiones con¬ 
mueven todavía al mundo . 

La revolución industrial en Inglaterra y el libre cam¬ 
bio posibilita una monarquía constitucional con aspectos de¬ 
mocráticos y establecimiento del capitalismo. 

Los imperios centrales de Alemania y Austria buscan 
su expansión por la superpoblación y teóricos del derecho 
alemán justifican esta reacción contra el humanismo que va 
a dar nacimiento después de las guerras del 70 y del 14 a 
la aparición del fascismo en Italia y el nazismo en Alemania. 

Es demasiada reciente la historia para poder juzgarla 
con . imparcialidad. Pero es evidente que los resultados de 
estos totalitarismos de derecha, de despotismos y opresio¬ 
nes, de desconocimiento de los valores humanos, en procura 



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de un nacionalismo extremista y despreciable; sólo puede 
ser interpretado por los espíritus libres, como desviaciones 
y monstruosidades, que la ambición y la barbarie nos han 
presentado en la primera mitad del siglo XX, y de cuyas 
heridas aún no ha podido aliviarse la humanidad. Miseria 
y desgarramiento, destrucción y hambre han sido los re¬ 
sultados desalentadores que han quedado entre las cenizas 
del nazismo como balance de la 2^ guerra mundial. ¿Qué 
ha sucedido? Es acaso inevitable la guerra entre la Rusia 
soviética, y las grandes democracias occidentales? Es el 
reparto del botín fascista? No por cierto. Puesto que el 
mundo, contra los deseos de todo hombre honrado, vuelve 
a ser escindido en dos grandes frentes internacionales. Co¬ 
mo fué dividido entre griegos y bárbaros, cuando Alejandro 
de Macedonia. Entre cristianos y paganos, en la edad me¬ 
dia. Entre España y Portugal, cuando la conquista. Entre 
la Francia de Napoleón y el resto de Europa. Como fué di¬ 
vidido entre el Imperio Alemán y la República Francesa. 
Entre el fascismo y las democracias. Ahora el mundo es 
más pequeño, y participa totalmente. Entre Oriente y Oc¬ 
cidente. Pero es en el fondo la lucha por el predominio 
entre Rusia y Norte América. ¿Pero es posible que los 
hombres estén tan ciegos y que pongan en el dilema los 
extremos de un despotismo rojo, dictatorial y en donde la 
libertad 'individual es desvalorizada en aras de una seguri¬ 
dad colectiva muy discutible; o un país de leyes democrᬠ
ticas, pero que por el incremento gigantesco del capitalismo, 
abarque en su seno al poderoso e inhumano industrial bur¬ 
gués, egoísta y ambicioso y al explotado trabajador cuyos 
recursos apenas si le evitan el hambre y la miseria? 

Debemos salvar la democracia. Pero no defendiendo- 
intereses deshonestos, no aplaudiendo al usurpador de la so¬ 
beranía del pueblo, al demagogo o al tirano. No es posible 



— 30 — 


conducir espíritus como se conducen rebaños. Si en nues¬ 
tra democracia con todos sus defectos hay una perspectiva 
de mejoramiento social y es posible que sin violencias, ni 
insultos,'sin claudicaciones y con altiva dignidad, podamos 
decir que estamos en camino de superación y de experien¬ 
cia; debemos enfrentar en libre discusión a los teóricos del 
marxismo y del leninismo. No haciendo como parece ser 
costumbre en la Rusia soviética, eliminando a todo hombre 
que no se adapta a la línea del partido, o que demuestra ten¬ 
dencia desviacionista en la libre interpretación de los pro¬ 
blemas. Porque si lo hacemos del mismo modo ¿qué dife¬ 
rencia existe entre nosotros y ellos? Si la esencia del régi¬ 
men democrático republicano es la libre discusión y el se¬ 
reno análisis de los problemas y el’ reconocimiento de los 
errores, para su corrección y nunca para perpetuarlos como 
dogmas. ¿Qué debemos temer en decir con claridad, por 
ejemplo, que la advertencia de Platón de que la democracia 
puede concluir en tiranía, si deja rienda suelta a los dema¬ 
gogos y engañadores del pueblo, es una realidad palpable, 
*si observamos lo que tristemente sucede a cada momento 
en nuestras queridas hermanas de América? 

¿No es mejor despertar la conciencia ciudadana y de 
los hombres del campo, hacia una comprensión auténtica de 
"los principios democráticos universales, que por sí solos son 
capaces de heroicidad en su defensa? ¿Quién de nosotros, 
acostumbrados a la libre expresión del pensamiento y a li¬ 
bertad de prensa y de opinión, no lucharía incansablemente 
por no perderlas? La libertad es uno de los más altos dones 
a que puede aspirar una nación. Pero es necesario saber 
hacer buen uso de ella. No es posible que unos hombres sean 
"los amos de extensas proporciones de tierras y otros no lo 
sean de la humilde vivienda de barro, lata o paja en que 
viven en la más miserable promiscuidad y sin ningún sen- 



— 31 


tido moral. ¿Pero es posible exigírselo? ¡Cuando aún no 
hemos, en nuestras democracias de leyes perfectas y de. ins¬ 
tituciones ejemplares, conseguido dar a los individuos un 
mínimo de seguridad y de decencia! 

¿Tenemos acaso derecho a pedirles que contribuyan a 
hacerse personas cultas e instruidas ? Es evidente que el pro¬ 
blema fundamental —si queremos conservar el ideal demo¬ 
crático— es el de la educación en sus aspectos moral, cul¬ 
tural y estético, para dotar a cada hombre de un ideal fi¬ 
losófico de felicidad y de realización posibles. 

Pero es también evidente, que primero debemos enfren¬ 
tar el arduo problema de la recuperación humana, salvando 
el conflicto vivo que sufre cada individuo y cada familia, 
dentro del ámbito sociológico. Con proyectos teóricos,- por 
bien fundamentados que estén, no es posible aliviar las ur¬ 
gentes necesidades y las injusticias que pesan sobre los pue¬ 
blos. Hay que enseñar,* sí, pero primero enseñar a vivir, 
a amar a la justicia y a la libertad, a los hijos y a los pa¬ 
dres. A cumplir la palabra empeñada, sin importar la letra, 
sino el fondo moral y la dignidad. 

Y para concluir analizaremos algunos pasajes de Car¬ 
los Marx y la respuesta que los más auténticos espíritus de 
nuestra América podrían darle a quien analiza solamente 
el aspecto económico de la humanidad oprimida. 

Dice Marx: “Entre la sociedad capitalista y la socie¬ 
dad comunista, media el período de la transformación re¬ 
volucionaria de la primera en la segunda. Y el Estado de 
este período no puede ser otro que la dictadura revolucio¬ 
naria del proletariado”. 

Marx considera el carácter antagónico del proletaria¬ 
do y de la burguesía, cuyos intereses son irreconciliables. 
Dice: “La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo lo 
que era en las antiguas repúblicas de Grecia, libertad para 



— 32 — 


los esclavistas. Los esclavos asalariados modernos viven tan 
agobiados por la penuria y la miseria, que no están para 
democracia, no están para política. Y la mayoría de la po¬ 
blación queda al margen de toda participación en la vida 
política-social”, 

“Democracia para una minoría insignificante, democra¬ 
cia para los ricos”. Y en su análisis de la comuna francesa 
dice así: “A los oprimidos se les autoriza para decidir una 
vez cada varios años ¡qué miembros de la clase opresora 
han de representarlos y aplastarlos en el parlamento!” y en 
otro párrafo: “Pero la dictadura del proletariado, es decir, 
la organización de la vanguardia de los oprimidos, para 
aplastar a los opresores, no puede conducir tan sólo a la 
ampliación de la. democracia. Se convierte en democratismo 
para los pobres, para el pueblo, no para los ricos, la dicta¬ 
dura del proletariado implica una serie de restricciones 
puestas a la libertad de los opresores, de los explotadores, 
de los capitalistas. Debemos reprimirlos para liberar a la 
humanidad de la esclavitud asalariada, hay que vencer por 
fuerza su resistencia y es evidente que allí donde hay re¬ 
presión, donde hay violencia, no hay libertad ni hay demo¬ 
cracia” . 

Estamos de acuerdo, especialmente en el último párra¬ 
fo : donde hay represión, donde hay violencia, no hay de‘- 
mocracia. Las ideas de Marx son sinceras, pero si su ideal 
de extender al pueblo lo que era monopolio de capitalistas 
y explotadores, se limita a una dictadura por la fuerza del 
proletariado y a una supresión de las libertades de aquellos 
que sólo las poseían. No veo como el remedio,' no sea más 
que una ola de odios y de rencores, de ayudar a unos, y 
oprimir a otros. 

¿No viene al caso la advertencia de Platón? Algunos 
hombres se convertirán en los líderes'del pueblo oprimido 



— 33 — 


y lo encabezarán en su lucha contra los ricos y poderosos. 
Y el resultado será la libertad y la justicia? No, de ningún 
modo. Será el usufructo del poder por esta nueva clase go¬ 
bernante. La justificación de la dictadura y el despotismo, 
en nombre de los sagrados intereses del pueblo. 

Ya no serán los explotadores de pobres los que se ha¬ 
gan representar en elecciones periódicas, sino que no habrá 
necesidad de elecciones, pues un solo partido político ele¬ 
girá sus candidatos entre los activos dirigentes de la nueva 
clase gobernante y las hojas de votación serán impuestas a 
las buenas o la fuerza. 

Oigamos ahora unos párrafos de José Martí, el após¬ 
tol de América, fuente viva de inspiración democrática, en 
el buen sentido de la palabra. 

“De todos sus peligros se va salvando América. Sobre 
algunas repúblicas está durmiendo el pulpo. Otras por la 
ley del equilibrio, se echan a pie a la mar, a recobrar con 
prisa, los siglos perdidos. Otras olvidando que Juárez pa¬ 
seaba en un coche de muías, ponen coche de viento y de 
cochero al lujo venenoso, enemigo de la libertad, que pudre 
al hombre liviano y abre las puertas al extranjero. 

Y esto otro: “El desdén del vecino formidable, que no 
la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, 
porque el día de la visita está próximo, que el vecino la 
conozca, para que no la desdeñe. Por la ignorancia llegaría 
tal vez a poner en ella la codicia. Por el respeto, luego que 
la conociese, sacaría de ella las manos”. 

“Se ha de tener fe en lo mejor del hombre y descon¬ 
fiar de lo peor de él”. 

“Hay que dar ocasión a lo mejor para que prevalezca 
sobre lo peor. Los pueblos han de tener una picota para 
cjuien les amza a odios inútiles y otra para quien no les 
dice a tiempo la verdad “No hay odio de razas, porque 



— 34 — 


no hay razas. Los pensadores de lámpara, recalientan ra¬ 
zas de librería, que el viajero justo busca en f vano en la 
justicia de la naturaleza, donde resalta, en el amor victo¬ 
rioso, la identidad universal del hombre”. Estas enseñan¬ 
zas de Martí nos devuelven la claridad y la altura humana, 
que en el laberinto de la política europea enturbian los odios 
irreconciliables de los pequeños. Es quizá el mejor camino 
filosófico para liberarse de la angustia y del dolor, la agonía 
unamunesca en el corazón de los hombres que aún tienen 
fe en la salvación de los valores del humanismo. Porque él 
sintió el dolor de su pueblo cuando nos dice desgarradora¬ 
mente: “Yo no soy un hombre que habla . Yo soy un pue¬ 
blo que se queja”. 

Es quizá Lincoln, el hombre más íntegro que tuvo la 
América del Norte. También de allí nos llegan palabras 
proféticas: “Quien no quiera ser esclavo, debe abstenerse 
de tenerlos. Quien priva de libertad a un semejante es in¬ 
digno de ser libre”. “Unámonos todos para combatir la 
esclavitud, pero dentro de la legalidad. La violencia, el ase¬ 
sinato y perjurio no pueden jamás servir de disculpa”. 
Cuando vence en la lucha contra los esclavistas del Sur, les: 
dice a los liberados: “Mis pobres amigos: ya estáis libres 
como el aire, podéis arrojar el nombre de esclavo y piso¬ 
tearlo, ya no ha de volver, la libertad es un derecho que 
tenéis desde que- nacisteis”. Sin embargo ya pacificado. el 
país, en una sesión de teatro, rodeado el palco presidencial 
de banderas y flores,, un actor asesino dispara contra el pe¬ 
cho libre de Lincoln y cae para siempre. Muere el padre 
del pueblo, y se oye la voz ¡El Sur está vengado! Lo de 
siempre, la violencia y el odio de los miserables contra la 
rectitud de los grandes espíritus. Y veamos el más grande 
de los héroes en la epopeya de la libertad de América: 
Bolívar. Cuando concluida la batalla de Carabobo y ya un- 



— 35 — 


gido con el mando supremo de la gran Colombia libre y 
soberana, dijo a su pueblo que lo aclamaba como al Liber¬ 
tador : “El juramento sagrado que acabo de prestar en ca¬ 
lidad de presidente de Colombia, es para mí un pacto de 
conciencia que multiplica mis deberes de sumisión a la ley 
y a la patria. Sólo un profundo respeto por la voluntad so¬ 
berana me obligaría a someterme al formidable peso de la 
suprema magistratura. La gratitud que debo a los repre¬ 
sentantes del pueblo, me impone además, la agradable obli¬ 
gación de continuar mis servicios, por defender con mis 
bienes, con mi sangre y aún con mi honor, esta constitu¬ 
ción que encierra los derechos de dos pueblos hermanos, 
ligados por la libertad, por el bien y por la gloria”.. Y pro¬ 
clama que acepta mientras existan pueblos oprimidos como 
el del Ecuador, para ayudarlos, a romper sus cadenas, pero 
después de completada la obra pide y esto es lo maravilloso 
ser relevado de tan alto cargo. Con un claro sentido del de¬ 
ber y de su ideal republicano de gobierno continúa-en esta 
forma: “Yo siento la necesidad de dejar el primer puesto 
de la república, al que el pueblo señale como al jefe de su 
corazón. Yo soy el hijo de la guerra, el hombre que los 
combates han elevado a la magistratura; pero no son estos 
títulos consagrados por la justicia. La espada que ha go¬ 
bernado a Colombia no es la balanza de Astrea. Esta es¬ 
pada no puede servir de nada el día de la paz, y éste debe 
ser el último de mi poder, porque así lo he jurado para mí, 
porque así lo he prometido a Colombia. Un hombre como 
yo es peligroso en un gobierno popular, es una amenaza in¬ 
mediata a la soberanía popular. Yo quiero ser ciudadano, 
para ser libre y para que todos lo sean”. ¡Qué ejemplo su¬ 
blime de dignidad moral, qué luz permanente para alumbrar 
el camino de las democracias en nuestra América! Qué en¬ 
señanza para los que intentan afianzarse en el poder por to- 



— 36 — 


•dos los medios a su alcance. Semejantes palabras no se 
pronuncian de continuo por un caudillo que quiere ser antes 
que nada un hombre libre en una tierra, libre. Y esta heren¬ 
cia de libertad debe ser la fuente viva de inspiración de 
nuestras juventudes. Recordemos la frase de Montalvo: 
“Es un deber de todo americano, combatir el despotismo a 
perpetuidad”. 

Y de José Martí: “Con un poco de luz en la frente no 
se puede vivir donde mandan tiranos”. Y aún más cerca 
tenemos fuego de inspiración en la palabras de nuestro José 
Artigas, Padre de nuestra libertad, honor para la filosofía 
de la cultura, de esta cultura nuestra amasada con heroís¬ 
mo y sufrimiento, pero ya enraizada en el culto de la liber¬ 
tad y de la justicia. “Mi autoridad emana de vosotros y 
cesa por vuestra presencia soberana”. Los pueblos deben 
asegurar su futuro destino, sobre la base sólida de la invio¬ 
labilidad de sus derechos” y en las instrucciones del año 
XIII, “El despotismo militar será precisamente aniquilado 
con trabas constitucionales que aseguren inviolable la Sobe¬ 
ranía de los Pueblos”. 

¡Contribuyamos, en la medida de nuestras fuerzas, al 
renacer de una Nueva Democracia! 

JULIO CASAL MUÑOZ 



APENDICE 


DECLARACION 

UNIVERSAL 

DE 

DERECHOS HUMANOS 


El 10 de Diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones 
Unidas aprobó y proclamó esta Declaratoria, cuyo texto completo ad¬ 
juntamos. 

En ese .acto histórico se recomendó a todas las naciones que se 
publicara y “fuese divulgada, expuesta, leída y comentada, principalmente 
en las escuelas y demás establecimientos de enseñanza, 'sin distinción 
alguna"'... 




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DECLARACION UNIVERSAL DE DERECHOS 
HUMANOS 

Preámbulo 

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el 
mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad in¬ 
trínseca y de los- derechos iguales e inalienables de todos los 
miembros de la familia humana; 

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio 
de los derechos humanos han originado actos de barbarie 
ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha 
proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, 
el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, li¬ 
berados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad 
de palabra y de la libertad de creencias; 

Considerando esencial que los derechos humanos sean 
protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hom¬ 
bre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión 
contra la tiranía y la opresión; 

Considerando también esencial promover el desarrollo 
de relaciones amistosas entre las naciones; 

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas 
han reafirmado en la Carta, su fe en los derechos fundamen¬ 
tales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona hu¬ 
mana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres ; 
y se han declarado resueltos a promover el progreso social 
y a elevar el nivel de la vida dentro de un concepto más 
amplio de la libertad; 



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Considerando que los Estados Miembros se han com¬ 
prometido a asegurar, en cooperación con la Organización 
de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a 
los derechos y libertades fundamentales del hombre; y 

Considerando que una concepción común de estos de¬ 
rechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno 
cumplimiento de dicho compromiso; 

LA ASAMBLEA GENERAL 
proclama 

LA PRESENTE DECLARACION UNIVERSAL 
DE DERECHOS HUMANOS como ideal común por el 
que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de 
que tanto los individuos como las instituciones, inspirán¬ 
dose constantemente en ella, promuevan, mediante la ense¬ 
ñanza y la educación, el respeto de estos derechos y liber¬ 
tades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter na¬ 
cional e internacional, su reconocimiento y aplicación uni¬ 
versales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados 
Miembros como entre los de los territorios colocados bajo 
su jurisdicción. 

Artículo 1 Todos los seres humanos nacen libres e 
iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de 
razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los 
unos con los otros. 

Artículo 2 1) Toda persona tiene todos los derechos 

y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción 
alguna d eraza, color, sexo, idioma, religión, opinión polí¬ 
tica o de cualquier otra índole, origen nacional o social, po¬ 
sición económica, nacimiento o cualquier otra condición. 



— 41 — 


2) Además, no se hará distinción alguna fundada en 
la condición política, jurídica o internacional del país o te¬ 
rritorio de cuya jurisdicción dependa otra persona, tanto si 
se trata de un país independiente, como de un territorio ba¬ 
jo- administración fiduciaria, no autónomo o sometido a' cual¬ 
quier otra limitación de soberanía. 

Artículo 3 Todo individuo tiene derecho a la vida, a 
la libertad y a la seguridad de su persona. 

Artículo 4 Nadie está sometido a esclavitud ni a ser¬ 
vidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohi¬ 
bidas en todas sus formas. 

Artículo 5 Nadie será sometido a torturas ni a penas 
o tratos crueles, inhumanos o degradantes. 

Artículo ó Todo ser humano tiene derecho, en todas 
partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica. 

Artículo 7 Todos son iguales ante la ley y tienen, sin 
distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tie¬ 
nen derecho a igual protección contra toda discriminación 
que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a 
tal discriminación. 

Artículo 8 Toda persona tiene derecho a un recurso 
efectivo, ante los tribunales nacionales competentes, que la 
ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales 
reconocidos por la constitución o por la ley. 

Artículo 9 Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, 
preso ni desterrado. 

Artículo 10 Toda persona tiene derecho, en condicio¬ 
nes de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justi¬ 
cia por un tribunal independiente e imparcial, para la deter¬ 
minación de sus derechos y obligaciones o para el examen 
de cualquier acusación contra ella en materia penal. 

Artículo 11 l)Toda persona acusada de delito tiene 
derecho a que se presuma su inocencia mientras no se prue- 



be su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, con¬ 
forme a la ley y en juicio público en el que se le hayan 
asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. 

2) Nadie será condenado por actos u omisiones que 
en el momento de cometerse no fueron delictivos según el 
Derecho Nacional o internacional. Tampoco se impondrá 
pena más grave que la aplicable en el momento de la comi¬ 
sión del delito. 

Artículo 12 Nadie será objeto de ingerencias arbitra¬ 
rias en su vida privada, su familia, su domicilio o su corres¬ 
pondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda 
persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales 
ingerencias o ataques. 

Artículo 13 1) Toda persona tiene derecho a circu- 

lár libremente y a elegir su residencia en el territorio de un 
Estado. 

2) Toda persona tiene derecho a salir de cualquier 
país, incluso del propio, y a regresar a su país. 

Artículo 14 1) En caso de persecución, toda persona 

tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cual¬ 
quier país. 

2) Este derecho no podrá ser invocado contra una 
acción judicial realmente originada por delitos comunes o 
por actos opuestos a los propósitos y principios de las Na¬ 
ciones Unidas. 

Artículo 15 .1) Toda persona tiene derecho a una na¬ 
cionalidad . 

2) A nadie se privará arbitrariamente de su naciona¬ 
lidad ni del* derecho a cambiar de nacionalidad. 

Artículo 16 1) Los hombres y las mujeres, a partir 

de la edad hábil, tienen derecho, sin restricción alguna por 
motivos de raza, nacionaalidad o religión, a casarse y fun¬ 
dar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto 



— 43 — 


al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolu¬ 
ción del matrimonio. 

2) Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los 
futuros esposos podrá contraerse el matrimonio. 

3) La familia es el elemento natural y fundamental 
de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad 
y del Estado. 

Artículo 17 1) Toda persona tiene derecho a la pro¬ 

piedad, individual y colectivamente. 

2) No será privado arbitrariamente de su propiedad. 

Artículo 18 Toda persona tiene derecho a la libertad 
de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho in¬ 
cluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así 
como la libertad de manifestar su religión o su creencia, in¬ 
dividual o colectivamente, tanto en público como en privado, 
por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. 

Artículo 19 Todo individuo tiene derecho a la liber¬ 
tad de opinión y de expresión; ese derecho incluye el de no 
ser molentado a causa de sus opiniones, el de investigar y 
recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin 
limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión. 

Artículo 20 1) Toda persona tiene derecho a la li¬ 

bertad de reunión y de Asociación pacíficas. 

2) Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una aso¬ 
ciación . 

Artículo 21 1) Toda persona tiene derecho a parti¬ 

cipar en el gobierno de su país, directamente o por medio de 
representantes libremente escogidos. 

2) Toda persona tiene derecho de acceso, en condi¬ 
ciones de igualdad, a las funciones públicas de .su país. 

3) La voluntad del pueblo es la base de la autoridad 
del poder público; esta voluntad se expresará mediante elec¬ 
ciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, 



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por sufragio universal e igual por voto secreto u otro pro¬ 
cedimiento equivalente que garantice la libertad del voto. 

Artículo 22 Toda persona, como miembro de la so¬ 
ciedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, me¬ 
diante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, 
habida cuenta de la organización y los recursos de 'cada 
Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales 
y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarro¬ 
llo de su personalidad. 

Artículo 23 1) Toda persona tiene derecho al trabajo, 

a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y 
satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desem¬ 
pleo. 

2) Toda persona tiene derecho, sin discriminación al¬ 
guna, a igual salario por trabajo igual. 

3) Toda persona que trabaja tiene derecho a una re¬ 
muneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así 
como a su familia, una existencia conforme a la dignidad 
humana y que será completada, en caso necesario, por cua¬ 
lesquiera otros medios de protección social. 

4) Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y 
a sindicarse para la defensa de sus intereses. 

Artículo 24 Toda persona tiene derecho al descanso, 
al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de 
la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas. 

Artículo 25 1) Toda persona tiene derecho a un nivel 

de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la 
salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vesti¬ 
do, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales 
necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de 
desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros ca¬ 
sos de pérdida de sus medios de subsistencia por circuns- 
cias independientes de su voluntad. 



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2) La maternidad y la infancia tienen derecho a cui¬ 
dados y asistencia ^especiales. Todos los niños, nacidos de 
matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual 
protección social. 

Artículo 26 1) Toda persona tiene derecho a la edu¬ 

cación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo con¬ 
cerniente a la instrucción elemental y fundamental. La ins¬ 
trucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el 
acceso a los estudios superiores será igual para todos, en 
función de los méritos respectivos. 

2) La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo 
de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto 
a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; 
favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre 
todas las naciones y todos los grupos étnicos O' religiosos; 
y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones 
Unidas para el mantenimiento de la paz. 

3) Los padres tendrán derecho preferente a escoger 
el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos. 

Artículo 27 1) Toda persona tiene derecho a tomar 

parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a go¬ 
zar de las artes.y a participar en el progreso científico y en 
los beneficios que de él resulten. 

2) Toda persona tiene derecho a la protección de los 
intereses morales y materiales que le correspondan por ra¬ 
zón de las producciones científicas, literarias o artísticas de 
que sea autora. 

Artículo 28 Toda persona tiene derecho a que se es¬ 
tablezca un orden social e internacional en el que los dere¬ 
chos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan 
plenamente efectivos. 

Artículo 29 Toda persona tiene deberes respecto a la. 



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comunidad puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y 
plenamente su personalidad. 

2) En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de 
sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las 
limitaciones, establecidas por la ley con el único fin de ase¬ 
gurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y li¬ 
bertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias 
de la moral, del orden público y dél .bienestar general en 
una sociedad democrática. 

3) Estos derechos y libertades no podrán en ningún 
caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios 
de las Naciones Unidas. 

Artículo 30 Nada en la presente Declaración podrá in¬ 
terpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al 
Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y de¬ 
sarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supre¬ 
sión de cualquiera de los derechos y libertades proclamadas 
®en esta Declaración.